El matrimonio de Juan y Zaira en Chía, Cundinamarca
Rústicos Invierno Morado 2 profesionales
J&Z
18 Mar, 2018La crónica de nuestro matrimonio
La noche anterior a mi boda me quedé en la casa de un tío de mi ahora esposo. Allí nos prepararíamos ambos, ya que la iglesia queda a solo 10 minutos. Mi mamá, mi hermana y mi sobrina se quedaron esa noche conmigo.
Nuestro día empezó muy a las 7:00 am. Un sol radiante... como cualquier novia desea para su gran día. Una de mis mayores preocupaciones era que la maquilladora llegara a tiempo, ya que la distancia en verdad era grande; sin embargo, a las 7:30 a.m. como lo había prometido, llegó y de una vez empezó a peinar a mi sobrinita. Yo estaba ya algo nerviosa, apenas si desayuné. Recibí varias llamadas y mensajes de las personas que no pudieron acompañarnos, una de ellas, mi mejor amiga. Ella ahora vive en E.E.U.U. y está embarazada, por lo que su viaje habría sido difícil, así que lloramos por teléfono mientras le contaba cómo iban pasando las horas.
La ceremonia estaba planteada para que la misa fuera a las 2:00 p.m.: mis cálculos daban para que por tarde yo estuviera lista a la 1:30 p.m. pero a pesar de que la maquilladora trabajó juiciosamente, arreglar a mi hermana y mi mamá le llevó tiempo. En fin, ¡conmigo comenzó casi a las 12!
Seguir leyendo »Antes de que iniciara mi maquillaje y peinado, le escribí una nota a mi futuro esposo, la que metí en la caja del reloj que le envié con mi sobrinita a manera de regalo de día de bodas. La niña muy comedida y obedientemente supo llevar el mensaje y por las fotos y el video, él quedó feliz con el reloj. Pudo usarlo de inmediato, así que eso también estuvo bien.
Llegó la una de la tarde y ya la ansiedad se apoderaba de mí. Llegaron mi padre y mi hermano y nosotras apenas si estábamos organizándonos. Yo todavía no estaba lista. Algo de almuerzo pude comer ya que mi apetito no era mucho -por pensar en que llegaría tarde- y aunque dicen que la novia siempre llega tarde, no quería abusar de dicha frase.
Eran casi las 2:00 p.m. y yo todavía no estaba lista. Envié a una de las madrinas a ver al novio para saber cómo estaba su ánimo y ya había salido para la iglesia. Mi ansiedad aumentaba horriblemente. Y para colmo, el clima empezó a cambiar y a oscurecerse... era inminente la lluvia... "El clima es algo que evidentemente no controlo", me repetía para tratar de calmarme, pero para ser honesta, eso me entristeció mucho.
Ya era hora de salir para la iglesia y los que quedábamos en la casa empezamos a correr... A mi sobrina se le cayeron las flores (la pobre no sabía qué hacer) pero bueno, le organizaron rápidamente la canasta y volvió a sonreír. Nos subimos al carro y "corra", para la iglesia. ¡Eran las 2:15 p.m.! Eran tantos los nervios, que hasta el conductor se pasó y no nos dimos cuenta de que habíamos pasado la iglesia varios km atrás. Queda en una bajada y por eso no fue raro que no la hubiéramos visto, además, ya llovía muy fuerte.
Nada, nos devolvimos y logramos llegar. La lluvia había menguado un poco -muy poco- y eso hizo que varios invitados no hubieran llegado a las 2 en punto, sin embargo, como yo también llegué tarde (2:30 p.m.), muy pocos se perdieron el inicio.
Mi novio ya estaba junto a sus padres en el altar esperándome. Yo no había bajado del carro cuando oí la marcha nupcial versión rock que escogimos. Mi novio estaba tan nervioso que dio la orden antes, y cuando llegué a la puerta, la canción terminó y finalmente entré sin música... algo más para recordar...
La ceremonia estuvo hermosa, el sacerdote supo darnos un mensaje muy bonito, y todo el tiempo estuvimos atentos a sus palabras. Un primo de mi novio se encargó de las canciones y lo hizo muy bien. La entrega de los anillos y la bendición de las arras fue hermosa. Y ni qué decir de la parte de "puede besar a la novia"... Al final, seguía lloviznando, así que decidimos que los "sonajeros" se usarían dentro de la iglesia y no afuera. Hicimos algo similar a sonajeros para la salida ya que el arroz y otras opciones no nos parecieron tan especiales. Aquí la idea era espantar las malas vibras.
Hora de irnos... mi ahora esposo y yo nos fuimos para la sesión de fotos "privada" mientras los invitados se movilizaban hacia el sitio de la recepción. La lluvia continuaba, pero ya era menor, sin embargo, en las fotos se nota que aún estaba presente... hasta un toque "chévere" nos regaló.
Nuestra celebración fue tipo picnic, lo que el clima amenazaba con dañar, pero obviamente habíamos alquilado una carpa gigante previendo ese tipo de cosas, y funcionó muy bien.
Nosotros somos amantes del rock, así que eran evidentes los toques roqueros en la decoración y especialmente en la música. Sabíamos que no todos se iban a aguantar rock todo el tiempo, por eso el DJ debía saber combinar distintos géneros con un rock llevadero para la ocasión, y lo hizo muy bien. Solo prohibimos el reggaeton y la bachata porque definitivamente es algo que no soportamos y por nada del mundo íbamos a dejar que sonara en nuestra boda.
Llegó la hora de que los novios ingresaran a la recepción e hicieran su primer baile... Nos habíamos preparado durante 3 meses para bailar mi canción favorita: Nothing else Matters, de Metallica, obviamente hicimos una versión más corta a la original, y bueno, admitámoslo, los roqueros no somos "bailarines en potencia", así que bailamos lo mejor que pudimos, tratando de no olvidar los pasos, y de repente, la lluvia volvió a afectarme: tenía tan lisos los zapatos que en una de las vueltas me caí mientras bailaba... afortunadamente él logró sostenerme rápidamente y la caída no fue tan grande.
En fin, ya pasamos a las palabras de agradecimiento y ahí aproveché para excusarme por la caída alegando la pista lisa y que “rockero que se respete, a duras penas se mueve". Aproveché el momento para dar otra sorpresa a mi esposo: unas semanas antes logré contactar a los jugadores de su equipo favorito de fútbol, Santa Fe, para que le enviaran mensajes de felicitación y le autografiaran la camiseta... como dicen por ahí: "quedó matado". No fue fácil, pero me alegra haber conseguido ese objetivo cuando pensé que sería imposible... ¡También pedí autografiar la camiseta de mi suegro ya que es aún más hincha que mi propio esposo! Todos contentos, saludos a todos, fotos por aquí, fotos por allá, y ¡qué comience la fiesta!
Pasaron las horas y cuando me disponía a cenar (por ser picnic ofrecimos una caja con fruta, sánduche, quesos, carnes frías y demás acompañantes para el vino) cuando mis madrinas y mejores amigas me sacaron literalmente del sitio con la excusa de ir a tomarnos otras fotos solas las tres. ¡Yo no imaginaba lo que venía! Les pidieron que me distrajeran mientras mi esposo organizaba la sorpresa que me tenía: contrató la banda de rock que en un inicio yo dije que quería contratar, pero que al final acordamos que no debido al presupuesto. Además, cantó con ellos la primera canción que obviamente es dedicatoria: “Te lo pido por favor”, original de Juan Gabriel, ¡pero en versión rock! (perfectamente escogida por mi esposo ya que él también se llama Juan Gabriel). Fue entonces como la hora loca se convirtió en un concierto de rock genial gracias a mi adorado esposito. Para mí fue lo mejor de entre muchos otros aspectos que me encantaron de nuestro gran día.
Los invitados quedaron contentos y nos dejaron saber que el concepto que escogimos, el picnic, había sido acertado y distinto. Quisimos destacar varios temas que nos unen y nos encantan, como por ejemplo el gusto de mi esposo por Batman, así que tanto el topper cake, mis zapatos, mi manicure y sus mancornas, llevaban imágenes alusivas al tema.
También dejamos ver nuestra pasión por el cine, por eso teníamos una carpa aparte con una especie de cinema rodando todo el tiempo, allí se ubicó la mesa dulce. Igualmente, como aparte de nuestro gusto por la fotografía, en cada mesa pusimos cámaras desechables para que los invitados también nos mostraran la celebración desde su punto de vista (en esta crónica no alcanzo a tener esas fotos ya que, aunque las mandé a revelar, aún no me las entregan).
No puedo decir que todo salió literalmente como lo planeamos, ya que hubo algunos problemas de logística que no me dejaron 100% satisfecha, sin embargo, lo bueno supera lo malo en gran cantidad, así que puedo decir que nuestro gran día se acercó un 95% a lo que quisimos y ¡en verdad eso fue excelente!
Creo que me extendí bastante tratando de compartir lo que fue mi gran día, y agradezco a quienes se tomen el tiempo para leerme.
Abrazos y mis mejores deseos para que todas y cada una de las novias que forman parte de esta hermosa comunidad logre tener una celebración digna de ser recordada.
Pd: Dicen que la lluvia es buena suerte para un matrimonio, ¡así lo creo!
Zaira, la novia rockera.
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